Su beso podía hacer
despertar hasta a la más durmiente de las Bellas.
Pero era más como el
cazador de Caperucita. Solitario en cuerpo y alma.
¿Quién iba a ser la
elegida para transformar a la Bestia y hacerla vivir en paz?
Vagaba por las torres en
sueños, deseando que cierta princesa le lanzase su larga cabellera para hacerlo
subir. Pero cuando abría los ojos sabía que eso no ocurriría.
No tenía a nadie. No era
nadie.
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