¿Sabes ese día en el que lo empiezas bien? ¿Feliz?
Haces tus cosas, sales, te despejas, vienes, vas, te entretienes, hablas, tomas un café.
Llegas a casa, arreglas la habitación. Una buena charla con los compañeros, una buena cena, risas.
Pero sientes que algo falla.
Comida para llenar el vacío de tu corazón, no el de tu barriga.
Un trozo de bizcocho con helado.
Dos conversaciones y el mismo sentimiento de decepción.
De repente se ha hecho de noche, tanto en el cielo como en tu cabeza.
Dos sonrisas tristes que se cruzan.
Cosas de las que, al fin y al cabo, ya te habías dado cuenta mucho antes pero querías evitar.
Miras atrás unas horas y te descubres a ti mismo pensando en lo feliz que habías sido al levantarte.
Iluso.
Nada dura para siempre.
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